EL NUEVO ESPACIO, LOS NUEVOS USOS UNIVERSITARIOS Y EL PATRIMONIO DE LA UNIVERSIDAD DE GRANADA. La Casa de Porras

…Esta semana se comenzará a imprimir el libro que, junto con Valentina Pica, publica la Universidad de Granada sobre la Casa de Porras, palacete renacentista del albaicín, y que nos ha permitido una profunda investigación sobre el mismo.

Lejos de centrar el estudio en el propio palacio, incluso la nominación del libro versa sobre “La Casa de Porras como paradigma de la transformación renacentista de la Ciudad” y es que el materialismo histórico nos hace aquí, en un grado mucho mayor que en el resto, valorar esta arquitectura como síntesis de los tiempos de los que es resultado y resultante.

Sin embargo, quedó en tintero un colofón que se reproduce aquí, y es que la política de la Universidad de Granada respecto al patrimonio edilicio es la gran responsable de que estos palacios aún existan, y es justo reconocer al césar, lo que es del césar. Pero los tiempos actuales y la sustitución de sistemas educativos a opensources del tipo 3.0 está facilitando la reutilización de estas singulares, históricas….y maravillosas instalaciones.

EL NUEVO ESPACIO, LOS NUEVOS USOS UNIVERSITARIOS Y EL PATRIMONIO DE LA UNIVERSIDAD DE GRANADA.

Granada, como muchas otras ciudades, supera con creces los límites físicos que la contienen territorialmente o los temporales que sostienen su historia. Granada es, como Venecia en el Barroco, un producto de la imaginación colectiva, incompatible a veces con el referente físico y su contenido real. Los paisajes de la misma, que son tantos como habitantes, viajeros o visitantes ha tenido, se superponen en la expresión de la cultura y la historia que hacen de ella lo que de ella concebimos.

Pero Granada se soporta en nuestra realidad actual como un marco urbano y territorial sometido a una tensión fundamental: La relación demediada entre su entidad consolidada y los nuevos usos, funciones y actividades que pocas veces encuentran acomodo en una ciudad cuyo centro se lleva desarrollando desde hace más de veinticinco siglos. La resolución de este conflicto se ha resuelto, desde los Planes Generales de Ordenación Urbana de 1973, 1985 y 2001, sin afrontar el reto de poner en carga el centro histórico desde un planteamiento más ambicioso que una mera congelación conservacionista. Una conservación historicista limita el establecimiento de funciones y actividades nuevas, siempre asimiladas como agresivas al patrimonio, y, desde estas limitaciones impuestas, se ha generado un proceso generalizado de vaciado del centro histórico, especialmente en los barrios en los que se ha limitado el acceso del transporte privado pero no se ha dotado de una resolución a la movilidad basada en un transporte público eficiente y sostenible –ecológica y económicamente-. El centro ha experimentado, y sigue experimentando, un vaciado de habitantes y actividades provocado por políticas que han asimilado revitalización con amenaza. El centro no va a volver a ser un centro neurálgico con las actividades tradicionales de establecimiento en el mismo: residencia y pequeño comercio. El centro de la ciudad mediterránea, verdaderamente ejemplar en la generación de ciudades sostenibles y socialmente responsables, sólo volverá a ser algo más que una zona de visita turística cuando sea capaz de alojar las funciones que la sociedad actual demande en su uso.

Y es que los procesos obligan a que unos modelos de ciudad permanezcan vigentes frente a otrosMirar la ciudad es ya una manera de producirla, y Granada a finales del siglo XIX queda reflejada en la pintura y la literatura como una ciudad estática, mas de pensamiento y de recuerdos bucólicos que de acción.

Sin embargo, la ciudad de principios del XX hervía actividad y transformación. Su centro estaba bien conectado con una periferia que la nutría. La vieja Granada del albaicín y la medina no resultaba obsoleta en sí, sino que se iba vaciando por las nuevas actividades  y la nueva burguesía empresarial;  que no encuentran en ella un soporte adecuado, ni de habitación ni de intercambio comercial ni cultural. Progresivamente con el avance del siglo XX, las actividades clásicas, muy limitadas dentro de la ciudad más antigua, dejan de alimentar a tejidos urbanos que dejan, por inadecuados, de darle soporte. La nueva Granada clasicista, generada con ensanches extramuros, es una ciudad moderna y continua con la anterior. Pero la Granada del desarrollismo y los ensanches de las décadas de los 70 y 80 está realizada por piezas separadas, inconexas entre sí con eficiencia y muy especialmente con el centro histórico, y absolutamente con la realidad metropolitana, abandonada como tal en aras de un protagonismo localista en el planeamiento que ha dejado la vega de Granada en el límite de su carácter.

La ciudad actual, la del siglo XXI, plantea la problemática que tiene Granada que afrontar -y contra la que los condicionantes naturales interiores nos ofrecen una gran oportunidad- y es que se ha roto toda noción estructural de la ciudad previa al XX, es decir, toda relación invariante de correlación u oposición entre los elementos que constituyen el ente de la ciudad, relaciones de la ciudad  que pretenden entender el objeto o sistema del que dichas estructuras formales y funcionales forman parte del sistema y, a su vez, el propio sistema. Esta nueva ciudad no es reconocible, es difusa, pues depende de relaciones inmateriales, son conexiones virtuales. Es todo un reto activar una ciudad modélica que no puede acoger funciones consolidadas en la periferia, pero es la hermeneútica del pensamiento la que vuelve, como tantas otras veces, a ofrecernos la solución.

El pensamiento sobre la ciudad, surgido de la antropología religiosa y plasmado en  la filosofía, la ciencia y el arte, tiene, como siempre, una solución para la nueva ciudad, a la que, por supuesto, son opacos la mayoría de estamentos del planeamiento oficial, que llega a estas soluciones con varias décadas de retraso. Es un principio urbanístico de incorrespondencia física: El espacio del territorio ciudadano no es algo objetivo y exterior a la persona, sino que va “adherido a ella”, a su experiencia y sus tiempos. Hay tantos espacios como personas, pues cada una tiene una experiencia diferenciada del medio físico y ambiental e interactúa con él de una determinada forma.

Esta puesta en uso de esquematismos conceptuales asociados a la subjetividad matemática (con la relatividad) filosófica (con la irrupción de la fenomenología de Husserl) y con el espacio artístico de Bruce Naumann, inaugura un  “submundo” –“sub” de “asociado al sujeto” no tiene que ver con el posicionamiento estamental- que se construye pegado a la persona, de forma paralela al hecho corporal del ciudadano- persona.  Einstein,  en su teoría de la relatividad, redefinía los contornos de la existencia natural sobre el referente de un nuevo marco de relaciones espacio-temporales,  inaugurando un concepto de espacio que no es nada en sí mismo,  no existe el espacio en absoluto, sólo existe a través de los cuerpos y energías contenidas en él, y que lo ponen en carga en su accionario interno y múltiple. Einstein descubre la superación de un mundo fundado desde hacía siglos en las categorías newtonianas, el espacio sólo existe como consecuencia de los acontecimientos que tienen lugar en el mismo, y ello es la medida del tiempo: aquello en lo que se producen los acontecimientos. Espacio y tiempo se encuentran imbricados en una unidad deformable pero indivisible, ligando al sujeto y al  movimiento, interiorizados en sí mismo.

Este espacio lo llevamos, por tanto, adherido a nuestros cuerpos, lo generamos en nuestras acciones. La historia la llevamos en nuestra memoria colectiva y nuestra actividad es el movimiento inestable siempre, de la ciudad. Esta posibilidad de conformar el espacio de la ciudad desde nuestra presencia personal está facilitando enormemente la inestabilidad de usos de los espacios urbanos, la apropiación temporal de nuevos espacios necesarios en el borde de las ciudades y el uso de nuevos modos de movilidad personal. Y, sin embargo, el planeamiento municipal sigue empecinado en mantener la producción de espacios inermes y permanentes, puesta su mirada en La producción de ciudades según principios artísticos de aquel lejano 1889 de Sitte. Pero el ciudadano ya sabe, aunque le nieguen la mayor, que el espacio público lo hace él por donde pasa e interacciona; sea éste una plaza, un mirador, el curso de un río o un barranco. Ciudadano no hay espacio público, se hace espacio público al accionar. La nueva ciudad, los nuevos ciudadanos, reclaman espacios urbanos, al igual que desiertos sin bordes, que se ofrezcan al habitante para ser apropiados no tanto por hipotéticas políticas municipales de gestión de la ciudad, sino por el habitante con destreza, puesto que la humanidad y su espacio urbano vital son mucho más complejos. El espacio humano es un relativo capaz, un lugar geométrico de las interacciones del cuerpo con el entorno, con otros humanos y con las energías necesarias para la vida y su desarrollo.

En la ciudad, este espacio humano se encuentra incardinado en el espacio urbano, formalizado en la delimitación que de él realizan los objetos edilicios, arquitecturas y configuraciones temporales que funden un soporte común que evoluciona con la sociedad que lo genera y a la que sirve. El objeto arquitectónico es síntesis de la producción de una sociedad y su estatus técnico. Las arquitecturas relatan un momento histórico de una sociedad, y en su evolución, el recorrido de ésta a lo largo de la historia. Del mismo modo que las sociedades se mezclan unas con otras, encontrándose, separándose y desarrollándose, los tejidos edilicios formados por diferentes arquitecturas –de diferente época o estilo- se afectan y desafectan mutuamente en el tejido urbano.

Esta presencia simultánea de tiempos históricos, el momento histórico presente y su capacidad de permanecer, hace interpretar la ciudad histórica como un telón de fondo, inmutable, frente al que transcurra el tiempo de la ciudad durante muchos decenios. Este deseo fundacional sobre la permanencia de muchas arquitecturas de tiempos anteriores, domésticas y representativas, condiciona los ámbitos de la casas y los palacios para ser adaptables con los múltiples usos que pueden acoger en un futuro indescirnible, para adaptarse al transcurso del tiempo mediante un marco físico rígido de buena factura material, que garantice su pervivencia.

La casa noble, el palacio representativo, es un contenedor de la cultura personal y los tiempos vividos por la familia concreta, pero levantado para permanecer y adaptarse. Los muebles, los cuadros, ocupan la geometría y experimentan el espacio de un único modo, personal, pero no permanecen. El palacio es una caja de resonancia que amplía la vibración del continuo espacio-tiempo contenida en ella, que resuena con el tono marcado por la vida –eterna y temporal- de la ocupación mobiliaria. Las arquitecturas domésticas que la historia ha mantenido hasta nuestra ciudad actual definen un marco físico híper-rígido  en el que las actividades se realizan con la hiperflexibilidad propia de una adaptación posible a diversas funciones asociadas a espacios de dimensión no fijada para funciones concretas. Los elementos conformados en estructuras que delimitan el sistema de la habitabilidad de la casa funcionan globalmente como un exoesqueleto exterior de protección global; dentro del cual la variabilidad de funciones depende de la posibilidad de la alteración de usos en el espacio concreto.

La responsable política de la Universidad de Granada respecto al patrimonio edilicio y cultural de la ciudad ha compensado una total irresponsabilidad en otros estamentos.

La adquisición de una importante proporción del elenco patrimonial de la ciudad, de todas las tipologías y funciones arquitectónicas, ha compensado en parte la deslocalización de actividades no residenciales fuera de la ciudad histórica. La ciudad histórica es vivida por la Universidad, que la mantiene con un uso constante y adaptable, en un feliz encuentro de oportunidades entre arquitecturas de funcionalidad flexible y estructuras organizativas adaptables a estos objetos edilicios. Parte del cuerpo de estudiantes pueden habitar viviendas en el centro y desplazarse con medios de transporte sostenibles, evitando los desplazamientos masivos a campus externos, tensionando zonas de habitación y zonas de trabajo mediante incremento de carga de transporte privado, cuya peor consecuencia – además de la afectación evidente a la ecología urbana y la calidad de vida del ciudadano- es el vaciado de zonas urbanas completas según el horario.

La Universidad de Granada, como depositaria de la responsabilidad del avance social en los diferentes campos del saber, es flexible en métodos y estructuras, lo que ha posibilitado que sus estructuras docentes y administrativas se adapten a conjuntos edificados alejados de otras zonas y con evidentes incomodidades y limitaciones de uso, como los dos ubicados junto a la iglesia de San José: el palacio del Almirante y la Casa de los Porras. Es en esta categoría de arquitecturas históricas domésticas donde con mayor evidencia se puede experimentar el nuevo espacio social, un espacio adherido al ciudadano y con las posibilidades docentes, de relación y administrativas con las que las nuevas teconologías han dotado al ciudadano en general, y al estudiante en particular. Son las actividades, ahora difusas y en cierto modo, ilocalizables, las que definen el espacio, y no a la inversa, que ha venido aconteciendo hasta ahora. Los que peinamos canas, recordamos las guardias en las puertas de las secretarías de muchos centros de la Universidad para hacer la matrícula. Esa actividad ya no existe, al estar ahora ilocalizada en muchos lugares –tantos como conexiones a la red- y tiempos –tantos como estudiantes haciendo la matrícula.

Las actividades docentes, administrativas y organizativas han ido definiendo los espacios que la Universidad necesita. La Universidad de Granada ha hecho una valiente y responsable apuesta por edificios y tejidos urbanos históricos de la ciudad. Las nuevas tecnologías están posibilitando una flexibilidad a todo nivel y estamento, para la Universidad, impensable hace muy pocos años.

Y esta coincidencia temporal de unos y otras da a la Universidad de Granada, ahora, la oportunidad de mostrar la sostenibilidad de la ciudad histórica y su plena vigencia urbana y humana, un compromiso conjunto de la historia, el medio ambiente urbano y la búsqueda de la excelencia en la labor docente e investigadora. Un ejemplo de Universidad.

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Stilitas: 12 propuestas para el próximo milenio…o, al menos, para los próximos años.

Sin querer emular al führer y su error de cálculo de la duración del III Reich, sí que el mundo que se ha fundado en este siglo XXI, que ya no es nuevo, está provocando que las “seis propuestas para el próximo milenio” de Italo Calvino sean hoy una realidad, y, sobre esas, se ha generado -en parte- una presencia alternativa de las cualidades innatas del mundo físico, continuamente transgredido por el inmaterial de la red, que no están resolviendo los problemas del último mundo del sigo XX, sino, más bien, acrecentándolos. Sigue leyendo

Ciudad y verdad. Metarregulación y vida de la ciudadanía.

“No hay nada que tanto repugne al orden de todo, a la forma del Universo, como el que una cosa no esté en su sitio”

Nicolás Copérnico “De revolutionibus orbium coelestium”  p.1543

Plaza del Cardenal Belluga, Murcia

Recuerdo la referencia a esta cita una mañana en la plaza del Cardenal Belluga de la capital murciana, al escuchar por accidente a un grupo de mujeres de edad avanzada opinar muy orgánicamente -aquella crítica de la que tanto gusta el país, basada en un simplista “me gusta-no me gusta” que sale de las vísceras, no de la cabeza- sobre la inconveniencia del alzado principal del edificio de Moneo a la citada plaza.  De haber tenido fuerzas y ganas de “conversodiscutir” les hubiera explicado, o intentado explicar, que el cierre del Ayuntamiento a la plaza, auténtica portada, es exactamente la que tenía que hacerse en ese momento y que Don Rafael, cuando no está ocupado siendo otra cosa, es un magnífico arquitecto, a la par que sus obras son fácilmente legibles e interpretables, por cuanto están cargadas de evidencia en su profundidad.

Todas las generaciones a lo largo de la historia han tenido la mala fortuna de creerse el último estértor del tiempo histórico. Si no, sabe Dios porqué se habrían montado tantas guerras inútiles y tantas otras. Pero las generaciones que hemos coincidido en el planeta a principios del XXI,  aunque afortunadamente preocupadas por la deriva consumista que agota el planeta, han sido, somos, las culturas de la evidencia y la inmediatez, las generaciones que lo deseamos todo en el acto y en el lugar, y en ello, también la ciudad -marco común de nuestras relaciones y resultado de nuestros medios productivos- se convierte en un dislate en el que cualquier ciudadano olvida que la ciudad es únicamente un momento de una secuencia espacio-temporal mucho mayor y que, por tanto, el territorio, los edificios, el espacio público, aunque contienen el germen de espacios romanos en la gran mayoría de casos, son una deriva física que, con el tiempo, van dando paso a otras ciudades que las renuevan y, así, se mantienen.

StadtPlan de Viena. La Vilna romana, amurallada progresivamente hasta finales del XVI, se encontraba después con el espacio del amplio cinturón de fuego en rededor que absorbería en el XIX como su más importante y representativo espacio público-social.

Precisamente por eso, en la plaza del Cardenal Belluga se encuentran un edificio barroco junto a una futesa sin carácter ni alma de los años 70, y el nuevo retablo de Moneo. Y, mientras el barroco atendía a la formalización de un lenguaje expresivo que creaba un telón sobre plantas y tipos históricos que poco o nada habían evolucionado en milenios, el pésimo edificio de los 70 respondía a un necio y falso funcionalismo que desgraciadamente se expresaba sin un adecuado cierre de expresión al espacio público. Pero es que el retablo con el que Moneo cierra el edificio del nuevo Ayuntamiento a la plaza es la expresión de unos nuevos modos de hacer en arquitectura, más culta, eficaz y mediada para con el espacio público y, por tanto, es absolutamente coherente con lo que la plaza del Cardenal Belluga es para la ciudad: un códice de los tiempos que han dejado impronta principal en la ciudad.

Ya el materialismo histórico, de corte hegeliana, nos invita a descubrir en cada pieza, en cada objeto construido o formalizado, todas las relaciones sociales, productivas, industriales y económicas que lo hicieron posible, una codificación sintética en cada objeto final y heredado de unas generaciones a otras, idea esta sobre la que se llevan organizando la museografía de numerosos museos arqueológicos. Aplicado literalmente a la historiografía de la arquitectura y el urbanismo, es interesantísimo asignar a cada edificio, cada espacio de la ciudad, la responsabilidad cierta de ser testimonio de su época. Y si simula ser algo que no es, o algo que ni siquiera fue, implica una incoherencia que supondrá la construcción de una gran falsedad para con nuestro espacio de lo social.

Concurso Internacional para la nueva sede del Chicago Tribune, 1922.

Propuesta, entre el historicismo y la absoluta mofa, de Adolf Loos.

Pero, y ésto sería lo más tenso en la amplia explicación-debate que hubiera tenido con aquellas señoras tan poco amigables, la realidad de los edificios es que permanecen en la ciudad durante mucho más que el tiempo de su construcción, y, por tanto, la permanencia de su ser se establece con una estabilidad inmanente en una ciudad que es, siempre, un cruce múltiple de tiempos y destinos, superposición de épocas históricas y que, como la Plaza del Cardenal Belluga, lleva en su ser tiempos y sociedades múltiples. El espacio público, formado por la arquitectura, es el tablero de juego común de las generaciones que, en una misma ciudad, viven sus vidas lineales en el tiempo pero simultáneas en el espacio. Y, como obra común, falsearlo desde la estética historicista no tiene sentido.

fotogramas de “The Fountainhed” (King Vidor, 1949, desde la novela homónoma de Ayn Rand, 1943). Falseamiento del proyecto de Howard Roark desde una mascarada historicista.

…Esta lógica interpretativa de la presencia sin representación que es el espacio de lo social en nuestras ciudades, de repente, en unas pocas décadas, se encuentra con que, en nombre de un progreso urbano consistente en tener límpida y ordenada la ciudad, se ha dejado de expresar el espacio urbano como síntesis del tiempo que nos toca aportar a la ciudad. Ahora mentimos, descaradamente, o mienten las administraciones que se muestran, una vez más, muy  a la zaga de la vida de los ciudadanos.  Ahora que en muchos centros históricos es urgentísima la renovación social y la actualización de funciones para revitalizarlos y que vuelvan a ser habitados, el mobiliario urbano y la pavimentación consume un tiempo excesivo, de nuevo, a quien debiera estar ofreciendo soluciones -o facilitándolas, porque ya nos ha quedado claro a todos que las administraciones no están para solucionar nada, máxime cuando se entrentan entre ellas- y no perdiendo tiempo y recursos públicos en mentir descaradamente.

Pavimentos históricos empedrados del barrio del albaicín, pavimentos de los años 70 a 2000 y nueva pavimentación historicista con “toqueros” de evidente mala factura y que son otro falseamiento histórico.

Mentir, con descaro, con impunidad, no sólo lo hacen los políticos corruptos, sino también el técnico municipal que, a sabiendas que no funciona, que es tremendamente costoso y que no va a durar ni siquiera a las siguientes elecciones -cuyo ciclo de 4 años es la verdadera fecha de caducidad de intereses sobre la ciudad que no resultan ser sinceros- y sin embargo, propone volver a pavimentos históricos que, sin embargo, nunca estuvieron allí. Y, creando una imagen falsa de una ciudad que nunca fue, sigue congelando partes de un centro histórico  con el objeto final de construir un marco idílico e irreal de lo que una vez fue imaginadamente aquel entorno. Esto es, un parque temático. Y los ciudadanos no queremos vivir en un parque temático.

Intervención espontánea de los vecinos en la placeta de Nevot, en el histórico Albaicín, tras ser eliminado el parterre central, talados los árboles y solada la plaza. Además, no puede ni siquiera acceder un helicóptero.

Un divertido corolario afirma que “no se puede atribuir a la maldad aquello que puede justificarse desde la estupidez” y nada más lejos de la realidad. Las teorías conspiracionistas no tienen demasiado sentido cierto en los centros históricos cuando nos referimos a la pésima competencia de los munícipes. En las bolsas urbanizables, sin embargo, hay demasiada maldad como para pensar en que las atrocidades cometidas se deban a la estupidez, no obstante.  En los arrabales las teorías conspiracionistas pueden surtir de efecto legal a nuestras sospechas, pero en los centros históricos y los barrios la maldad está mucho más localizada en operaciones muy concretas. En los entornos generales de vida en la ciudad, nuestros barrios, es la estupidez la que marca la prueba de cargo contra los responsables técnicos de turno. Y, si extrapolamos ello a la redacción de normativas, tenemos el mismo resultado: Se está intentando, desde las administraciones públicas, regular el resultado final del espacio público y social, para despojarlo de su sentido de ser histórico y ocultar así la vida económica, social, de relaciones productivas, que este espacio es, para, a cambio y en contra, mostrar el espacio de la ciudad como resultado de una legislación redactada por el grupo político de turno que opta, no ya por levantar sus penosas arquitecturas aúlicas, sino por utilizar la ciudad como expresión de su falso ser y de su mediocridad de ciclo tetranual.

Una periferia cualquiera. El desfase entre el planeamiento, la ejecución y la vida.

Claro que, se puede debatir contra este planteamiento afirmando que la alternativa a la regulación es un mercado libre en manos de un capital que no tiene más moralidad que el deglutir a la sociedad en busca de la obtención del beneficio neto. Por tanto, tan mala es la brasa como la sartén. Y entre una y otra, tomados del asa y colgando de la misma, se encuentra una población que sufre denostadamente entre ser mera mano de obra para unos, y administrados serviles para otros. Ambos por encima, metacapital internacionalista y administraciones de diferente rango pero siempre, siempre, con oídos sordos a la ciudadanía, que, sin embargo, le presta puntualmente su voto al entender -y de eso ya se ha encargado la historia- que es el mal menor y el coste de una vida sin violencia física.

palacio de los soviets (Moscú, 1928), afortunadamente inconcluso; y palacio de las artes (Valencia, 2005) desafortunadamente construido. Ambos, carocas de un sistema claramente mejorable.

Ya ha llegado el momento de admitirlo, hemos perdido la partida, y la globalización imposibilita tanto seguirla como comenzar de nuevo. Lo hemos dejado todo en manos del capital y las administraciones. Y se encargan día a día, de que sea imposible desprenderse de la mordaza o jugar con otras reglas. Y, en esta tesitura -con la que hay muchos de acuerdo porque, aunque podríamos estar mucho mejor, ¿que precio estamos dispuestos a pagar por ello?- las ciudades siguen saliendo perdiendo, porque las nuevas ciudades, las zonas que aún no han podido destruir, ya no son expresión de la cultura que las levanta. O mejor no pensar que este pseudourbanismo es el resultado de nuestras sociedades, porque entonces el clamor sería pavoroso. No, es mejor y más lógico no pensar que es responsabilidad nuestra por haberlo permitido y habitar (“habitar”, mejor) en ellas, por haber permitido que las ciudades de hoy sean una expresión de un cuerpo urbanístico legal que, buscando un supuesto buen urbanismo, se ha encargado de rigidizarse y convertir la ciudad en un pésimo experimento superado, en otros países, hace décadas.

No se puede regular artificialmente algo que va contra la lógica o el buen juicio sin un sistema coercitivo detrás que mantenga dicho statu quo por mucho tiempo. Pues  parece que muchas administraciones regionalistas españolas lo han conseguido.  En muchas regiones -que, además, coinciden en sus puestos a la cola en paro y desarrollo- se han dictado normas urbanas que imponen ratios de espacios libres por número de viviendas, o cantidad de aparcamientos necesarios, o número máximo de árboles por hectárea de parque. Pero no se han preocupado de carriles bici, de viviendas social realmente accesible y para todos, de protección urbana. Se han marcado los límites, pero no se han definido con realidad los objetivos reales de este urbanismo de despacho municipal, pseudourbanismo mediocre desde el que se celebra la estupidez, cuando no directamente la maldad, como motor de crecimiento de la ciudad. Y baste ejercer uno de los pocos derechos que nos quedan como ciudadanos urbanitas, el del paseo, para descubrir la triste realidad de nuestras ciudades y que, como en la plaza del Cardenal Belluga, va a permanecer formando nuestro espacio social como testigo fiel del que, seguramente, haya sido el peor tiempo posible para muchas ciudades.

Un ensanche cualquiera, suspendido en su desarrollo, y su resultado actual para con el espacio público.

[foto todoporlapraxis]

Por tanto, en vez de favorecer un marco de relaciones, se ha impuesto una normativa de límites. Y el resultado es la actual desaparición de la ciudad mediterránea. Es imposible enunciar “nuestras ciudades son mediterráneas” sin esbozar una sonrisa al final de la misma. Ni por sostenibilidad, ni por morfología, ni por espacio público, ni por proporciones y, muy especialmente, por sus relaciones productivas con el entorno, son mediterráneas. Y, desde la evidente buena fe de los legisladores -eso es indudable, así como su total falta de capacitación profesional- nos encontramos hoy con una legislación urbana, ambiental y constructiva que se supone formalizada y procesada para defender nuestra dignidad y que, sin embargo, nos ha despojado de las capacidades para construir nuestra dignidad nosotros mismos. Las ciudades dormitorio, los extraradios, son resultado de sus pingües normas urbanísticas. Luego no pueden estar acertadas. Y mientras, aplicando esas mismas normas, los centros históricos,  modélicos en cuanto a un modo de vida urbano no contrapuesto a la sostenibilidad ambiental, rigidizados, imposibles de vivir y colapsando, inexorablemente, y poco a poco.  No habrán sido ciudades perfectas, pero la lógica de una acertada economía de medios ha sido y es respetada por la ubicación, tamaño, morfología y tejido productivo dentro de las mismas. Al menos en ellas no hay parques junto al campo. La racionalidad de la historia no permite las estupideces proyectivas que sufrimos por culpa de nuestros munícipes.  La ciudad mediterránea es resultado de una optimización material basada en una economía de mercado local, y la normativa en ellas, tan frugal, no se concebía como herramienta de control de límites sino de dirección de movimiento, de crecimiento y de ordenación.

Torres “Osuna” en la periferia de todas las capitales de provincia de andalucía. numeradas, además con “OSUNA XX(número)” El desarrollismo de los primeros 80, una vez abierta la veda de la manipulación municipal, ha producido los peores sectores urbanos de nuestras ciudades, levantando modelos urbanísticos desclasificados por la vanguardia treinta años antes.

Es cierto que la demografía actual y el mercado mundial no delimitan un marco que haga eso posible de nuevo – cualquier campo libre es fagocitado por un tardocapitalismo feroz, del que todos nos guste o no, formamos parte- pero la posibilidad de la generación de microordenanzas sería una buena y plausible alternativa si a las administraciones no les resultare pavoroso perder presencia y facultades legisladoras -o recaudadoras- porque, seguramente, descubriríamos de lo prescindible que resultaría, y se exigiría su paulatina liberalización. Claro que eso requeriría un país culto, formado y responsable -al menos, uno, que dirían a buen seguro Les Luthiers– que, en urbanismo, evitara los planes generales, y consciente de su responsabilidad para con el espacio social, retomara el sentido el proyecto urbano.  Y desde él, comenzara en las calles, en los barrios y en las ciudades, a plasmar en el espacio público la expresión de una sociedad inteligente que es capaz de superar sus límites económicos desde su sentido social y humano.

Sería, tan sencillo, como el hecho de que un ayuntamiento se preocupara de realizar una gestión eficaz de los recursos y dejara de gastar un dinero que no tiene -y que endeuda a sus ciudadanos- en componer pavimentos que nunca existieron donde nunca los hubo. Así no habría que andar explicando a las señoras del imserso que ese edificio está muy bien donde está.

Juan D. López-Arquillo

Diciembre de 2014.

Wittgenstein House -Haus, Palais, Casa- an interview over discussion on Architecture and Philosophy.

Interview between Dr. Juan D. López Arquillo, architect and author of “Increasing the idea of Reality: The Wittgenstein house” and Pavlina Josisova, about her graduate project on Philosophy, about the Wittgenstein house.

Institute of Philosophy and Religious studies, Faculty of Arts. Charles University, Prague. December 2014.

Pavlina Josisova: Given our different professional backgrounds, there might occur some clashes of our general understanding of the Wittgenstein House and of what it means to us. In otherwords, differentaspectsmightbe more important to me as a philosopherthan to you as anarchitect.

I started studying Wittgenstein’sphilosophical oeuvre and proceeded with reading about his personal life and, ofcourse, inquiringaboutthe house, whileyoutookthe other way around. I assumeyoustartedstudyingthe house and thencontinued to explore Wittgenstein’s views in the field of philosophy. Howdidthissequencego in your case and whatwasthemotivationforstudyingotheraspectsof Wittgenstein’s life and work? For me, it was my wanting to understand better the philosophical texts I had read by thattime, namely Tractatuslogico-philosophicusand PhilosophicalInvestigations. Therefore I started reading R. Monk’s The Duty of Genius, Wittgenstein’s biography, and went to Vienna to see the house for the first time immediately after that.

Juan D. López-Arquillo: Of course there´re some common knowledge in our disciplines, architecture is actually much more than simply construction, that´s why I was really interested in the Palais Wittgenstein, actually. But before reaching the house as a very special point in Wittgenstein´s life, it was totally necessary for me to know close to perfection his whole works. Almost one year took me to read and analyze the whole books, not for the great quantity, but for the intensity of their substantial density. So actually, I must say, once interested in the house, I started a complete study of the architectural thoughts of Wittgenstein (not about the architecture of his thoughts structure, which competes to your discipline) and just after, started to study the house. Actually, the works named by you in your question are really interested, just because Monk is, as Aicher, oneofthefirstauthorstablishingthe house as a turning point between the first philosophy of Wittgenstein (which highest point and resume is the Tractatus) and the second one, born after his back to Cambridge and with quite a different point of view, as you know the Philosophical Investigations. I can´t assume a Wittgenstein writing about the duck-rabbit figure of Jastrow, during the writing of the Tractatus in the very center of the Great War, as he did after in the Philosophical Investigations. That´s why the Palais is so interesting for me, so architecture and its process can be a master piece in the evolution of structuralism.

P: Do you think the difference between our starting points modified the way how we perceive the house in anyseriousway? It might not have been just the difference between the philosophical and the architectural point of view but it as well might have been our be ingloaded with different segments of Wittgenstein’slifework. While you came to the house as ifyouwerecoming to a pieceofarchitecture and just thenstarted to explore all of his philosophical background, I am forced to still wear the glasses of what I know about his philosophical thoughts and can’t help myself from applying all this knowledge to the interpretation of what I perceivewhenstudyingthe house.

JD: Yes, of course. It´s impossible a clear or innocence view on the house if you reach it after knowing Wittgenstein´s works. But you´re supposing the architecture is the final object, and the architecture is the process of generating and building itself, too. So part of the interest for the architects is how it´s possible to have a special piece of modern architecture (which grows up in the years during theinternational style wasbeingstablishedofficially) made by an absence architect and conducted and built by a philosopher with engineering formation. The complex process initiated by Paul Engelmann was sorted by Wittgenstein in not the ultimate point of the evolution of the designs, so the Palais could have been a masterpiece of the modern architecture, really. It´s a lost opportunity about the leaving of Engelmann.

In any case, the Palais is so complex and resume so untemporary beauty that can be seen with the eyes or/and can also be perceived as a synthesis of a philosophical system. But, unfortunately, the Palais is fully crowed with disencounters, size failures, broken propotions…which betrays the attempt of Wittgenstein of making the house as a physical proposition of a universal thoughs structure.

P: In which ways do you think your  professional background influence your perceiving of Wittgenstein’s written works? Did you tend to perceive it mainly from the point of view of treating the rapport between the form and material that is formed?

JD: Not at all. I must say, the process of creating a physical reality of a building through the mental previous process of express a thinking structuralist system, is the real value of the Palais for an architect, more than the final result, which is, in too many times, quite disappointing. The Palais is made around the obsession of hiding the real materials of the whole construction in order to provoke a continuity of the interpretation in the different spaces isnside the house. And, outwards, the image is almost the same, the white enclosures are not only wall coverings of the inner spaces, but a proposal of unbiased expression inside the city, which is treated as a real danger for the inhabitant, not a human pacific surroundings. I Suppose the years of the building came just after the retirement of Wittgenstein as a rural teacher, and the peace of the Tyrol had to be a real calm in a contrast of the scalding social living in Wien he found after going back.

P: In Culture and Value, Wittgenstein lists ten people who influenced him: Boltzmann, Hertz, Schopenhauer, Frege, Russell, Kraus, Loos, Weininger, Spengler, and Sraffa. Adolf Loos is among them. The names are organized with a chronological order, thus the influence of Loos came rather later, but stillbeforetheconstructionofthe house: Wittgenstein met Loos in the eve of World War I. How much visibleisLoos’s influence on the house?

JD: In my thesis on the house, I actually defend that Wittgenstein influenced to some of them much more than he was influenced by them. Of course in Philosophy is certain that he was under the influence since he stopped  studying engineering, but in the theoretical aspects of  aesthetics, even some letters and written conversations with William Eccles, of 1912 and 1913, prove that reduction to minimal expressive form of the needing is a foundation for his physical application of  the sequences of reduction of the Tractatus. In some cases, specially with Loos (whose is supposed in some authors to be the main influence to his architecture) It´s impossible to confirm Loos as a influence to Wittgenstein, when it´s possible to understand Wittgenstein´s influence upon him, as the theorical basement to his novelties in Loos architectures, as the Raumplan is. In honor to the truth, anyone can see the projects of Loos before and after his major part of the relationship with Wittgenstein. When Loos leaved Wien in order to go to Paris, in 1924, he wrote a letter to Wittgenstein: “To Ludwig Wittgenstein, gratefully and regardly, quite thankful by his inspiration, hoping this evidence go back with him”. I do not think there´s any influence of Loos in the house made by Wittgenstein, but is undeniable the geometrical principles of the plan projected by Paul Engelmann, an outstanding pupil of Adolf Loos. Considering the relation between the volume and the surroundings, the inner program, the way of living which is provoking and supporting the Palais…there´s no influence of Loos more than, perhaps, any reduced aesthetic to the minimum. But this principles are perfectly clear in the writings of Wittgenstein almost 15 years before, for examples, the letters to David Pincher during his first stage in Cambridge are impressive in that sense. If the Palais would have been raised in the time Wittgenstein were thinking in his own way about it, the influence on Loos was quite undeniable, but now it must be demonstrated.

P: It has been said that Loos did not influence Wittgenstein to any large extent, whilst he had rather been influenced by Wittgenstein himself. Should we saythattheLoos’s influence on the house wastransferredsolely by Engelmann, could we approach the problem from a different direction and say that it was the same Viennese era that had given birth to both Loos and Wittgenstein? We could also deduce their common views from the fact that they were both coming from the same cultural background, fin-de-siècleVienna.

JD: There wasn´t any relation between Wittgenstein and Loos after 1924. The project of the Palais started in the Christmas days of 1925, but Wittgenstein finally entered after the summer of 1926. The exact relation starts after the death of Wittgenstein´s father, Karl, so, you´ll know, Wittgenstein gave much money to some friends and friends of his friends. Loos was one of them. Perhaps the necessity of these countries and the people after the disaster of the Versalles, besides of provoking the raising of the nazi party, made Loos accept the money but hurt his honor. Studying the return of Wittgenstein to Wien, according to Monk, is acceptable to think about the general jealous of many many people against him and his family.  Loos had, of course, a fully structured thoughts about society, architecture, city and design. But, formerly aesthetical thoughts transformed into a ethical significance of the absence of meaning according to the abstraction on architecture, which is one of his more-than-architectonical principles and procedures (v.gr. in the Steiner house and the Michaelerplatz building, ca.1910 in Wien; are clearly notable the difference with the Rufer house and the fantastic competition for the Herald Tribune in 1922). Loos and Wittgenstein were introduced during the summer of 1914. It´s well known the expression first used by Loos to Wittgenstein: “You are me”. It can be completely affirmed that both were the authors of the architecture of a language more important than the space: the silence, the absence.

P: Into what extent can theWittgenstein’s House beconsidered as a functionalist building? Does he respect the functionalistic ideals and is he successful in applying them while working on the construction site? In particular, how is the distinction between ornament and practicaluse heldwhenconstructingthe house?

JD: That´s a marvelous consideration in the process and works on the Palais. Wittgenstein didn´t found a plan draw by Engelmann, as much time is considered. He was participating since the very start of the project with his sister Margaret. In fact, the site for the first project wasn´t the plot in the III sector, as it was inside the inner courtyard of the family palace in Argentinerstrasse. He insisted on having any location of the different parts inside the program as a perfect piece. He tried to have a perfect space for every function in the house, specially in the main floor, the public one. In this case is the same way as Loos made with the Raumplan, projecting a “perfect” saloon to the visits, a dinner room looking upon the garden, a quite thought entrance pathway, etc…but he also understand that those different pieces must be inside a global structure which relates the parts as a whole, but not only as a joining method closed by the enclosurements and covertry, but a structural method of making the parts from the unity of the whole, and the total from the unity of the parts. That´s why the function of the different spaces is established as a proposal for the very first moment of the house, but, actually can be used in very different manners. The functionalism never had been capable to raise a house that can be used as a hospital, a refugee, a military base of cavalry and now, as an empty museum. The house is at the same time functionalist and flexible, capable, and is like that just because of the Wittgenstein principles of universal application of the opposites, as it´s exposed in the Tractatus.

But, during the process, he understood the impossibility of making a real application of a numeric measurement method when you have to build with materials like bricks and steel, which are no longer capable of a perfect adjustment to pre-established measurements. That´s the problem of the material reality: It´s no more perfect, so after these years he went back to Cambridge and will never return outside philosophy.

P: Speaking about the different uses of the House has been used during the years, could Wittgenstein presume this particular practical aspect? It was not common for the house to be left “empty” by its architect then: Usually the house was provided not just with the walls, floors, ceilings, windows, or doors, but also with at least the basic equipment like furniture that would go well with the spirit in which the house was being built. Wittgenstein took care of the disposition of the rooms and also of some interior features such as thewindows metal screens, floorcoverwith no carpets, simpledoors, etc. However, he did not choose the furniture. He left this on theownerofthe house, Margaret. Was it a common practice back then? Or was it usual to provide the house with all the furniture by the architect and hand it over as afinishedpiecepreparedforbeinglived in?

JD: In this moment, we need to consider the social position of a wide open source in the family way of life. They were quite more than a rich family, their gold reserve was a important piece of the state reserves before and during the IIWW. As a matter of fact, the first emplacement for the house of Margaret was in the rear courtyard of the family palace in the Argentinerstrasse, and just the desires of Gerome Stonborough, Margaret´s husband, forced her to accept the emplacement outside the inner Ring of Wien. The house is an act trying to going out of the historic considerations on the Wittgenstein family, they were trying to be quite a different rich people. And so are the furniture; in spite of accumulate tons of added furniture to a empty space, Wittgenstein tried to select a special pieces of a well-defined functional designs, but, the real life of Margaret (who need, after all, curtains, carpets, libraries…for a social standard life)  was quite different. Anyway, Wittgenstein went back to Cambridge in 1929 and never came back, even, after been a awarded soldier in the Imperial Army during the IWW, he worked for the Royal Army of UK in the IIWW. Never lost his contact to several friends and family, but he died as an english citizen. He never saw the house as an hospital, nor even as the house that finally Margaret transform the Palais into. He would have likely elected rationalist furniture and in a quite low quantity. The house should have been –at least, the principal, social, level- an empty monument to the honesty of the reducted form as a way of ethic consideration of purity in space. But the economic effort to built, without any limit, exceed the real ethic compromise of the universal building born with the International Style, which founded the considerations on the universal demand of the cost of a home for everyone.

P: In his Tractatuslogico-philosophicus, Wittgenstein writes that everything that can be expressed can be expressed clearly. This must be read in the context of his distinction between saying and showing: he continues with the point that what can be shown cannot be said. If we take an example of a simple sentence, there are always two aspects of it: what is said and what is shown with it. When I say that the Wittgenstein House is in Vienna, it was said that the Wittgenstein House is in Vienna, and many features were shown at the same time. It was shown what grammatical structure the sentence had, to what language it belonged, but also, for example, where the Wittgenstein House was not. Itwas not built in Madrid and itisobviousfromthe sentence that I put as an example, but still, it was not said there. It was only shown. A meta-language, in which it could be possible to express what was not expressed in the language that was used initially, can always be constructed. This system of meta-lingual expressing of what was only shown could be led ad infinitum.

So far, the distinctionbetweenwhatcanbesaid and what can be only shown was applied just to language. Let us imagine it applied to architecture. What would it produce? What can we think of as said by an architectural piece and what could be only shown by it?

JD: This is a question about identity and identification in architecture, much complex than a simple sculpture, as it´s participated by interpretation, use and time. The application to architecture is, as I told previously, almost impossible, as it must be interpreted in terms that exceed the final object. Anyway, it would be considered like that, but only in the project phase, which has no specific presence but has  significance without interpretation just in front of an object. It´s important to understand the Palais not as an architectural piece, but an extralimitation of a philosophical attempt to exceed the surroundings of the ideas and getting inside the field of the physical reality.  But, actually, these ideas come directly from the Tractatus, refuted by himself several years after the completion of the house when he started to write his second-part philosophy. It´s necessary to understand that Wittgenstein has two-faced opposite thoughts, and the Palais was one –perhaps the one- of the turning points.

P. He also writes that whereof one cannot speak, thereof one must be silent. It means that there is a certain sort of things that we can’t speak of. According to him, we cannot speak of ethics and religion or mysticism as it lies beyond the limits of our world, or, in other words, beyond the limits of our language. On the other hand, we can speak about the material world. Its states should be expressible by language and our task is to speak about them clearly, without any traces of trying to refer beyond the limits of where we can reach. Therefore we should beable to speakaboutthe house in termsofdescribingthe reality that lies before us, and to do so as precisely as possible. The question is whether we can be set to rest by meredescriptionofhowthematerial part ofthe house lies in thespace-time. Werathertend to go further and discussdifferentaspectsofwhatisshown in the house. By that, we are creating our own meta-language and are forcing the House to give us what it has shown to us. But canwereallysaythatthe house isspeaking to us? In what terms could such an object speak? And in what terms could we understand it?

JD: Perception depends of interpretation. Of course the house is talking to us, specifically to every of us in a specific time of our lives. The house talked to me in a very different way the first time I visit it, and the months I spent working of it several years after. The more you have present the Palais, just in front of you or in your thoughts, the more it´ll talk to you, as it´ll be operating in different fields of your perception. Perhaps the understanding of the structure, form and timespace of the house is actually limited by the meanings of the words we are able to use depending on our language, but the perceptive experiences of the whole Palais –including the process and the things we know about it- are more extensive than the language we used to perform them. I think these were the considerations discovered by Wittgenstein and, in that way, he was actually capable to evolution over his earlier philosophy.  For me, the Palais is a qualified balance between an ideal project born of the necessities of a program, and the reality of a built work which has to support demands of different fields: legal urbanism, building plot, thermal insulation…The work of an architect is actually hard because of the disagreement between the reality and the idealization, and this house, the Palais, shows us it´s not impossible.

P. Wittgenstein’s work is divided into two parts in the academic tradition: the early part and the later part. Tractatus logico-philosophicus and the Lecture on Ethics appertain to the former, the rest of his work to the latter. Should we dare to try to assign the appurtenance of the house to one of these periods, we would assign it to the early Wittgenstein, as it reflects the theoretical framework of his thinking in the Tractatus rather than in the Philosophical Investigations. The second option is to perceivethearchitectural period ofWittgenstein’s as in the middle ofthosetwo: neitherthe early Wittgenstein, northelaterWittgenstein, but the period which stands between these two, which connects them. Which of these twotraditionsofperceivingthe house iscloser to your own beliefs?

JD: Ludwig Wittgenstein in that part of his life tried to think philosophy playing the role of the architect, and projecting a space fitting functions into proportions, with concrete materials, suddenly discovered a structure of nonlinear, biunivocal, changeable decisions making between the endings. And the house is a perfect link of his philosophical parts; just because the house is one of the most important refutations to the universal meta-structure of the Tractatus, as he discovered the experience and the subjective position of an individual and unique person. The abstract interpretative of a space in a project is deeply far away of the physical space of the Palais, this unique Palais: Sun movement, temperature, humidity, reflects, light, shadows…A space is the result of a multi-purpose experience, and is no longer the previous concept in a architectonical masterplan.  A home is no longer a abstract house. So is his philosophy.

P. Do you think that we can approach Wittgenstein’s work on the House as the experience that pushed him towards his second philosophical period? When he claimed that he was done with philosophy after he had finished the Tractatus, nobody knew whether he would continue his philosophical occupations. Itwasrightafterthe house wasfinishedwhen he decided to return to his philosophical inquiries, albeit in a totally different way. He gave up on thepurityof a closedlogicalsystem as he held in the Tractatus and rather started to examine language found as is, as itisusedeveryday. He decided to embrace all the inaccuracies and misunderstandings we experience while speaking: He stopped trying to create a logicalsystem and denouncingeverythingthatdidn’t fit as nonsense but ratherhe began to describethenormal, everyday language. Is it therefore possible that the way how he perceived the rough material that will not submit to every form that he invents for it inspired him to perceive language in a different way?

JD. Yes, I firmly think so, as many others authors thought before, as Otl Aicher. There´s a performance considering that point of view: Architects usually justify the house as a turning point of the philosophy of Wittgenstein, “the house discovered a new reality” is said, but philosophers have some different idea, and there´s no longer accord onto that. Of course, the language for an architect is the transference between ideal construction and the physical final building, so it´s quite flexible and open to misunderstanding, errors, and, of course, able to accept multiple interpretations. But, for a philosopher in the way of Wittgenstein, the interpretation of every term must be unique, in a proper way to express complex concepts. That is an important difference, and the evidence of having destabilized Wittgenstein is obvious.

P.There is a famous anecdote according to which Wittgenstein had the ceiling raised 30 mm in one room in order to have it in the very proportions he wanted, and all of this happened when the house was nearly finished. This obsessive desire to have everything accurate and exactly how he planned it to be can be seen in his early writings. However, in the later Wittgenstein, the object of his thoughts, language, stands as it is: with all the inaccuracies, often misleading and sometimes even disguised as something else and confusing us, not letting us to understand profoundly. The material of the house was the same: it had some properties of its own and often it refused to accept theformWittgensteinwanted to giveit. Instead, it forced him to reevaluate what is and what is not possible in the real world, it forced him to stop trying to apply his ideal plans and systems and rather to conform to what the material is and what it requires. What are theparticularexamples in the house on whichwecouldsee how this change was happening?

JD: That´s the main reason to consider the house as a turning point for Wittgenstein´s language structures, more than a simple link of a kindly continuity. Wittgenstein –so we do in every study on the house- discovered the incoherence of forcing the whole process –Margaret started to cry with the episode of the ceiling, Hermine wrote- of the building in order to get a perfect measures. That´s the worst consideration on the Palais, for reaching the process to a special measures planned on the project, he deserves everything –at any cost necessary – to get the measure; and it´s no longer important to cheat openly increasing several thickness sizes in several walls and ceilings, which deeply betray the coherence between language and meaning, project and physics. The language, flexible and capable of adaptation, is unable to express only a unique meaning. So is the house in different windows, doors, etc; but, specially, in the default on correspondence between the spaces proportions (plan and section) and the elements and materials that define these spaces. And it´s even higher just because he didn´t have any spending limit.

P. It is, however, startling to realize how great thedifferenceisbetweenwhat he chose to live in and what he chosefor others to live in. His own standards of living were of no luxury: he hardly invested any money to the interior of his Cambridge apartment. As Monk describes in Wittgenstein’s biography, he had just the very basics of furniture, no decorations except the bright colored walls, and many piles of garbage American detective stories. He alsospent a long time in his cottage in Norway where he did not pay any attention to how it looked. As long as it was clean, he was comfortable. In comparisonwiththe “dwellingforGods” that he wasbuildingfor his sister, theway his ownlookedwastrulypoor. For the regular city person, both of these, his ownrooms and the house, wouldbeinhabitable. Do youhaveanyexplanationforwhyhe neglected his ownliving space in such a fashion? And why and howdid he build such a house thatwasratherfor Gods than for small people?

JD: That´s the starting line for almost every architect trying to start a project. We´re supposed to project every space, house or building for a personal experience. Best house will be the one you desire to inhabit. But if it´s your work and you are in a very deep investigation –usually during your whole life- it´s necessary to avoid a constant consideration about the future inhabitation inside it; the same way that a surgeon needs to focuse in the surgery, with no consideration –not in every moment, of course- of a unique person with life, family, friends. Without that personal distance, it would have been impossible to think clearly; and Wittgenstein, I´m sure, had a personal ability to get it. Wittgenstein was always –the letters from 1908 proved it- he wanted to live as a result of an ethic void of richness, and desired –and demand to others- that furniture, houses, the whole city –it´s incredible there´s no main references to the city in Wittgenstein´s works- must be a expression of its function. He was always thinking, so if he have had a house perfectly and specially made for them, he had just got a poverty in his life. The self demand on thinking about the necessity of making better words, better engines, better houses, was one of his main fuels. He worked and inhabit a standard environment, and with the contrast built this impressive Palais.

P. Do you believe the house has its place in the history of architecture and the Viennese cultural environment? What about the fails in thermal insulation, the bad-traced stairs, theunmovabledoors, orthegenerallyuncomfortableliving? Despite all these imperfections, it can still represent something more than just a machine for living or hosting soirées. As a monument of Wittgenstein’s way of thinking, it can be preserved to impress the future researchers.

JD. I firmly believe so. That´s why I studied it intensively. Unfortunately the personality of Wittgenstein and the roughness of him has been a terrific charge for the house, which has been condemned to ostracism by the architectural profession and the critics, both. It´d had been funny to see Adolf Loos turning around 10 minutes walking down the Kundmanngasse to avoid seeing the house –he had his studio quite close to the house, but it is well-known thanks to the interview to Wittgenstein´s sister Hermine- but, specially for a good explanation to this point, is the interview in June 1988 to Ernst Plischke, one of the most important architects for the International Style in Austria, in which he admitted “ We did know he was upsetting a house in the Kundmann. No interest at all. After all, he was using in the house classic steel windows. Wittgenstein was an outsider. We didn´t even go there.”

Architects and critics have hated Wittgenstein, not his house. But, even after, during the years of the Situationism, the house has been not accepted, as it has been assimilated to just another work of the International Style. Whether critics like or not, the Palais has now been, for the last decades, revalued, and now we are able to understand it. Now, we have to love a house which is an opportunity to discover how important a simple house –not even the better, of course, not even much good consider by architects in professional terms- can be for a change of meaning in one of the most important philosophers in the entire history, and specially during the XX century. A house is usually built for been a home; but the Palais was made not to serve only to a human inhabitants, but a monument to express the ideal foundation to any physical buildings, a monument with a family life inside. The failures aren´t important for a house like this. After all, architecture is function and expression together, capable to change without alteration, evolving without leaving the past; as the language does. That´s why we have a treasure in the Palais…

TÉCNICA, TECNOLOGÍA Y FORMA URBANA

Desde que el Abad de la Compañía de Jesús, Marc-Antoine Laughier en su “Essai sur L´architecture” de 1753 estableciera un primigenio esfuerzo en la generación de  la idea de una cabaña primitiva, la historia -y, ante todo, la falta de elementos donde estudiar la misma- establecería aquel refugio inicial de un ser humano inicial como un sistema de protección de corta duración, ensamblado, que no construido, que reconoce en la naturaleza próxima la posibilidad cierta de accionar con voluntad una vez no hay necesidad de vivir en las cuevas, refugio estereotómico, sin embargo, que acogió la mayor parte de la necesaria evolución orgánica humana. Sigue leyendo

La responsabilidad social del joven investigador: El falsafén histórico, la política investigadora y la libertad

 Las actuales posibilidades de investigación en Arquitectura –con los campos que la misma engloba- son aprovechadas por jóvenes arquitectos para aportar conocimiento en las variantes de la investigación que implica la disciplina, superando las categorías de investigaciones de profesiones medias que ahora reclaman, en el marco del EEES, como protocolos propios. La investigación en Arquitectura –y por ello en edificación, ingeniería, urbanismo, etc…- generada por las múltiples proyecciones de la capacidad intelectual y científica de los arquitectos, es capaz de arrojar sobre una realidad social, paisajística y urbana-bien injusta, bien manifiestamente mejorable- nuevos aportes que redirijan los caminos de transformación de una realidad hacia otra mejor y más justa, en el actual estado de constante cambio de nuestras ciudades y entornos. Un ensayo sobre la multicapacidad de los investigadores libres.

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Reducción lectiva y aumento docente. La paradoja de la formación del arquitecto

1   La evolución de la enseñanza. Planes de estudio y duración.

 Aunque la arquitectura como entidad cultural ha sido y es reconocida desde que un reconocimiento crítico posterior la afirma como tal,  la práctica profesional de la misma se ha regulado progresivamente desde una sencilla mano de obra cualificada hasta la actual profesionalización del arquitecto, con responsabilidad personal directa, civil y penal.

 El antes oficio, hoy ejercicio, de la arquitectura ha evolucionado en directa relación a las diferentes organizaciones sociales, pero siendo común a todas ellas. Pocos pueblos y culturas en la historia no han dejado huella construida alguna. Y, en la mayor parte de los 4.000 años de historia urbana humana,  el arquitecto ha sido un avezado ciudadano más, que no era autor, sino un conductor de una obra colectiva. Por otra parte, el producto de su trabajo se complejizó al ser lo monumental expresión aúlica de poder, por lo que gobernantes, ilustrados y tiranos, necesitaban no una sencilla acumulación de piedras, maderas y barro, sino una expresión construida de sus condiciones de vida, deseos y cultura. Se necesitaba a alguien con capacidad de trabajo en el espacio capaz de la confluencia entre la necesaria consistencia técnica, material, y la expresión artística de una interpretación cultural, política o territorial. De uno y otro surge esa expresión superior de la técnica, etimológicamente del griego arqui-tektos que superpone técnica material y elevada interpretación que la justifica y ordena.

Así sucedía en España, tomando la responsabilidad y capacidades de la buena lógica de aquel al que no se le caían las cosas y procuraba su belleza, capacidades y regulación heredadas claramente del Derecho Romano y en total dependencia de las querencias de gobernantes y cortes. Como no podía ser de otra forma, la necesidad epistemológica y organizativa de ordenar, clasificar y organizar saberes, ciencias y artes llega con la Ilustración, heredera universal de la organización enciclopédica de Diderot. La ilustración borbónica de los últimos años del reinado de Fernando VI y de los inicios del de Carlos III crea la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1744, institución que marca la desaparición de viejas instituciones de arraigo secular, gremios profesionales principalmente. Tras casi un siglo de existencia y de formación de maestrías profesionales, se clasifica y separa la formación de la Academia, creando en 1841 una instrucción de arquitectura e ingeniería separada de la academia de bellas artes, generando en 1857 los títulos oficiales de arquitecto y maestro de obras. Este segundo título, de grado medio, actuales aparejadores, queda supeditado a la ejecución material de los proyectos de los arquitectos en la Orden del 28 de Septiembre de 1845, en la que se establecerá de los maestros de obras que “quedan habilitados para la construcción de edificios particulares, bajo los planos y dirección de un arquitecto”.

La titulación profesional, por tanto, nace ya de forma muy similar a como se ha concebido hasta el momento presente. En aquel primer plan de estudios de 1845, el campo de formación abarcaba todo el elenco de materias necesarias para la construcción mediada por la ciencia y la cultura: Composición de elementos, cálculo infinitesimal, mecánica, geometría descriptiva y construcción, arte y decoración, prácticas de construcción, dibujo y análisis de edificios, delineación, práctica del arte. Ello se fue completando con topografía y geodesia, instalaciones de ciudad, ordenamiento urbano y pintura. Era aquel un plan de estudios sobre el que se generan los cambios de futuros planes y hasta el actual, reconociendo, ya por aquel entonces, la amplia capacidad de campos de formación del arquitecto; siempre estructurado desde la generalidad de las materias intervinientes, y desarrollando en mayor o menor medida las mismas según la duración de dicho plan. Entre 1845 y 1892 el plan de estudios era de 9 años, incluyendo la escuela preparatoria especial de dos años, al comienzo, y de formación científica y artística generalista. Comienza un nuevo plan de estudios en 1896, consistente en dos años de preparatoria en la facultad de ciencias (con matemáticas, física, mineralogía, botánica y zoología, copia de detalles y elementos de arquitectura, estudio de secciones y perfiles, flora y fauna aplicadas, perspectivas y sombras) y cinco de la formación ya definida en 1845, con un proyecto final de recopilación, en duración de un año.

Así continuó hasta 1914, en el que instauró un nuevo plan de 8 años, dos años en lafacultad de ciencias y escuela especial, dos de enseñanza general preparatoria y cuatro de enseñanza especial superior, con proyecto final de síntesis o reválida; que con similar duración se actualizaría en 1933, regulando la posibilidad, ya abierta desde 1896, de poder realizar los cursos de ingreso y preparatoria en academias provadas autorizadas, cuya dirección y docencia dependiera de uno o varios profesores de la fase de enseñanza superior. En 1962 se reforman las enseñanzas técnicas superiores y pasan a tener siete años de duración: curso selectivo de ciencias generales, curso de iniciación, cuatro años de carrera superior y curso final de especialización, junto con fin de carrera. Las asignaturas continúan la estructuración del plan de 1845, si bien se abandonan algunas de la preparatoria de 1896, como flora y fauna aplicadas. Ya en 1964 nace el plan que permanecería mas tiempo y sobre el que se organizarían las Escuelas de Arquitectura; constaba de dos cursos selectivos de ciencias aplicadas, un año común y dos años de especialización, junto con un proyecto final; en total, seis años.

Desde este plan se generaba el plan de 1974, ya sometido a dictados de la estructura universitaria general, en el que se eliminaban los cursos selectivos y tenía cuatro años de formación general y dos de formación especializada, que ya incluía el proyecto final. Desde entonces se mantuvo hasta el plan de 1994, en el que se eliminaba los años de formación especializada, sustituyéndose por un acertado sistema de asignaturas ofertadas que el alumnado podía elegir. Desde allí, la estructura de la carrera se ha mantenido igual hasta los acontecimientos de la inserción de la Universidad española en el espacio europeo de educación superior, en cuya estructura no ha tenido adecuada cabida la formación del arquitecto, históricamente más completa y amplia, y con mayores competencias profesionales que en Europa.

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2   Estudios específicos y especialización generalista.

Ya los planes de estudios oficiales nacen en un mundo moderno,  cuya estructura organizativa e ideológica se alteró con la revolución industrial, que pedía nuevas arquitecturas e infraestructuras, y cambió para siempre con el estallido de la Gran Guerra y la II Guerra Mundial, que asoló Europa y dejó ciudades destrozadas como un campo de experimentación real, y a gran escala, para arquitectos y políticos. La Modernidad coincidió en España con unos planes de estudios (1914, 1933) en los que se dejaba poco margen para la enseñanza de las ya incipientes tecnologías de edificación, que necesitaban de formación de posgrado por su evolución, cambios tecnológicos continuos y dependencia del mercado. Ello respondía a una idea que se mantenía, y mantiene, en los planes de estudios del arquitecto: Formar en las bases generales científicas, técnicas y legales, y dejar la aprehensión de técnicas particulares, muy sencillas de aprender, para formación no reglada y de posgrado. Un gran acierto que funciona, pero ¿realmente esas técnicas particulares lo son tanto?

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3   Competencias profesionales y ampliación formativa.

La realidad profesional cuando se regula la formación de los primeros títulos oficiales era bien diferente a la actual. La formación de la academia se basaba en un conocimiento ampliamente teórico, que material y/o gráficamente ya desarrollarían profesiones medias en obra. Además, el número de arquitectos era ínfimo, así como las obras que se realizaban, y los puestos en la administración empleaban a parte de los mismos.

En la modernidad, no hay una correlación directa entre los planes de estudios y las necesidades de aquel mundo, o las arquitecturas proyectadas y levantadas. Ello ya dependía de profesionales y docentes, que intentaban reconducir un plan de estudios heredado de la academia a la actualidad de la obra viva de cada proyecto. Es, en cierta manera, un innecesario gasto docente en aprehender una formación que luego ha de superarse como paso previo para el acto de proyectar y construir. Ahora, al igual que en aquella modernidad, la complejización de instalaciones, tecnologías y concepción del mundo hacen de esta contemporaneidad algo muy parecido a la suya, con similares carencias que luego han de suplir los propios arquitectos fuera de la Escuela. ¿Cómo es posible que un joven Oíza llamara la atención a Gutiérrez Soto por la ausencia de aire acondicionado en el Ministerio del Aire, de 1942? ¿Cómo es posible que sigamos estudiando materiales durante un año, como en el plan de 1933, cuando los materiales disponibles no paran de aumentar casi exponencialmente?

Además, la realidad de la profesión es muy diferente, y no sólo ahora en plena crisis económica; el incremento de arquitectos durante tantos años de parón constructivo hará que nunca, nunca, vuelva a ser la profesión lo que era. El cambio en la formación ha de ser inevitable, pero, sin embargo, no se puede eliminar la base generalista, ideal y cultural, que funda la arquitectura, pues es ello mismo. La arquitectura está en todas partes, afirmación panteísta que referimos en las ETSAs a la organización estructural interna de objetos, edificios, ciudades. Pero también la hay en empresas, eventos, turismo. La gran responsabilidad de ello es de la estructura que se impone en la docencia, que obliga a una especialización docente a profesionales, absurda en carreras técnicas con refrendo posterior en una realidad mucho más inestable que unos planes formativos rigidizados por su estructura administrativa y funcionarial.

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Pero en vez de reconocer la evidencia de lo que vivimos, la estructura formativa oficial del arquitecto sigue empecinada en estructurar la enseñanza desde lo peor del ejercicio profesional: el culto a la personalidad, cuando lo responsable en la actualidad sería diluirse en la obra común, para ganar así calidad en lo común edificado. Es la ciudad la que actualmente ha de definir el objetivo de nuestras arquitecturas, porque ciudad es más que edificación, es un hecho cultural. Ahora podremos comenzar a ejercer los cambios formativos que la arquitectura y la profesión necesita para buscar, realmente, la calidad en la ciudad.

Es esa caleidoscópica complejidad de la profesión, con una pantagruélica responsabilidad profesional a cualquier nivel, no hace sino plantearnos la necesidad de mantener viva la formación generalista del arquitecto, y aunque la inserción en el EEES ha virado los planes de estudio hacia cierta especialización, sólo con planes generalistas, basados en formación científica continua y experimentación arquitectónica desde cursos avanzados, podremos hacer frente a los retos, multifrontales, que se nos avecinan. Hablar un lenguaje común para luego tener una segunda lengua es necesidad imperante, aunque, lógicamente, para ello necesitamos más años.

Aunque de gran riqueza personal, comenzar con el ejercicio del proyecto arquitectónico desde el primer curso, cuando no se dominan los métodos gráficos más elementales, no hace sino facilitar una seguridad personal con cierta inconsistencia cultural, formal y científica, que debería dejarse, tal y como defendía en 1926 Rafael de la Hoz Saldaña, padre de Rafael de la Hoz Arderius y abuelo de Rafael de la Hoz Castanys “…si bien el dibujo puede resultar atrevido e infatigable, la realidad de la historia contenida en los ladrillos, que es patrimonio de todos, merece madurez, sobriedad y cultivo por parte de los estudiantes”.

 

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4   Referencias

  1. Puig Claveria, A. y Perellada, F. “Adecuación de competencias académicas” ponencia en congreso nacional de la arquitectura, CSCAE, Valencia, 2009. Actas del congreso.
  2. Hernández de León, J.M. y otros “Libro blanco del grado en arquitectura” Ed. Aneca, Madrid, 2007.
  3. Llorente Díaz, M. “El saber de la arquitectura y las artes” Ed. UPC, Barcelona 2000.
  4. Prieto González, J.M. “Aprendiendo a ser arquitectos, creación y desarrollo de la ETSAM” Ed. UPM, 2009.
  5. Aguilar Alejandre, M. “La formación docente del arquitecto”. Actas de las IV jornadas de investigación en arquitectura y urbanismo. ETSA Sevilla, 2010.

5   Imágenes

1. Montaje. Grabado funerario de G.B. Piranesi; herramientas de arquitectura; Francisco Serra en su estudio (1915).

2. Montaje. Estudios de Miguel Fisac (1961); Le Corbusier (1935); Antonio Lamela (1958); Louis Kahn (1972)

3. Montaje. Interior de un miet-kaserne; sección de un bloque parisino; plan voisin de Le Corbusier e ilustración de “Vers une architeture” (1922)

4. Montaje. Vista del parque Este de Viena; estudio de Daniel Burnham (1910); workshop en el estudio UNE (UK); “espacio bajo silla” Bruce Naumann (1966)